martes, 8 de enero de 2008

el Señor de los Anillos




A las siete de la mañana nos subíamos al autobús con una gran ilusión, éramos los Orcos.

Corría el año de 1978, nos contrataron para tres días en la Oficina de Empleo de Alcázar para hacer de extras en la película que en aquel año se rodaba en Belmonte y que dirigía Ralph Bakshi, las escenas de actores se rodaron en España y posteriormente se le añadían dibujos animados mediante la técnica del Rotoscope.

Esta película que tuvo una tibia respuesta de taquilla es hoy en día muy apreciada por los seguidores de Tolkien y también por su excelente banda sonora de Rosenman, pero nunca se rodó la segunda parte quedando incompleta la historia.

Por aquel entonces, hace ya treinta años, muy pocos sabían de las obras de Tolkien (el Señor de los Anillos se publicó en al año 1954), a mí apenas me sonaba el tema vagamente (unos años más tarde leería la novela), actualmente todo el mundo la conoce gracias al gran éxito de las superproducciones más recientes y como anécdota os comento que parece ser que es el tercer libro más vendido después de la Biblia y el Quijote (Harry Potter debe de estar también muy cerca).

Cuando llegábamos al Castillo lo primero que hacíamos era desayunar, luego nos daban la indumentaria que constaba de unas botas negras, un gran blusón gris, un cinturón, una horrorosa careta de plástico verde, alguna porra o espada y un escudo. Durante el rodaje alucinábamos, pues nos exigían hacer cosas “extrañas” como sentarnos en el suelo a plena luz del día formando un corro y simulando que estábamos alrededor de un fuego (hasta que no preguntamos y nos explicaron que aquello se convertiría en noche y con un fuego añadido a la escena, pero con dibujos animados, no lo tuvimos claro), otros golpeaban con un imaginario ariete una imaginaria puerta, en fin, hubo “escenas” cachondas, el director se cabreaba un montón con nosotros, cuando por ejemplo designaba a algunos para que en las laderas del Castillo dejarnos caer como muertos y allí se moría casi todo el mundo o los que lo hacian no paraban de moverse o alguno que no se calzó las botas y lo pillaban con las deportivas o el que se quedaba delante de la cámara chupando plano... Recuerdo que la careta era algo insufrible, pues se deslizaba, sudabas y no veías ni jota, me topaba con los caballos en las escenas de lucha, daba bandazos y terminaba en el suelo, repito ¡no veía na! y aquello debió de quedar estupendo, lo pasábamos muy bien y encima nos pagaban.

Os podéis imaginar la ilusión al ver la peli en el cine.

1 comentario:

  1. Una fotografía extraordinaria y un recuerdo entrañable.
    No he visto la pelicula, pero después de leer tu articulo, estoy deseando verla, aunque si os ponian caretas no creo que conozca a nadie, o a casi nadie.

    Enhorabuena por el blog!

    Saludos

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